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También en la nacionalización de los deportistas: ni rumores, ni humo, solo datos

El récord de España de Rodrigue Kwizera en el Medio Maratón de Valencia, que no puede contar como récord de Europa, reabre el debate sobre cuándo es legítimo nacionalizar a un deportista.

Por Francisco Silla · · 3 min de lectura
58:03de Kwizera en Valencia: récord de España y 3 segundos menos que el récord de Europa, que no le cuenta

El pasado 25 de octubre se celebró el Medio Maratón de Valencia 2026, una auténtica fiesta para la ciudad y para los 25 mil corredores que participaron en ella, entre los que se contaba con la élite mundial de la distancia, tanto en categoría masculina como femenina. Prueba de ello son la gran cantidad de mejores marcas personales que se consiguieron, además de batirse los récords de España en ambas categorías.

La victoria en la categoría masculina fue para Rodrigue Kwizera con un tiempo de 58 minutos y 3 segundos, una marca extraordinaria que no solo le dio la victoria, sino que le dio para batir holgadamente el anterior récord de España, establecido por Carlos Mayo con 59:39. Aunque no tan holgadamente frente a sus inmediatos seguidores, su compañero de entrenamiento Thierry Ndikumwenayo (58:09) y el keniano Víctor Kipruto (58:12).

Pero su récord ha sido motivo de controversia, porque Rodrigue Kwizera nació en Burundi y ha adquirido recientemente la nacionalidad española. Hay quienes consideran que la incorporación de atletas extranjeros de altísimo nivel mediante nacionalizaciones supone una ventaja artificial para las selecciones nacionales. En lugar de desarrollar deportistas propios, los países pueden reforzar sus equipos incorporando atletas que ya han alcanzado la élite en otros lugares. Y este no es un problema circunscrito a España: con distintas fórmulas de nacionalización, se da en la mayor parte de países con potencial económico; entre ellos, cabe destacar Bahréin, Catar o EE UU. Y, por supuesto, tampoco está limitado al atletismo: se da en casi todos los deportes, fútbol, baloncesto, balonmano, tenis de mesa…

En el caso de Kwizera no se trata de la incorporación repentina de un atleta desconocido para aprovechar sus resultados. Llegó a España en 2019, cuando tenía 19 años, y pertenece al Club Playas de Castellón. Podemos decir que está «deportivamente integrado» en España, no solo porque lleva siete años residiendo, entrenando y compitiendo aquí, también porque desde 2023 dejó de competir con Burundi, lo que le apartó de los Juegos Olímpicos de París, para no comprometer su nacionalización española.

Pues pese a todas estas circunstancias, hicieron falta siete años en España y una vía excepcional, la carta de naturaleza, para que la obtuviera. Siete años en la vida de un atleta es un mundo. El Gobierno le otorgó la nacionalidad mediante el Real Decreto 364/2026, de 29 de abril, atendiendo a las circunstancias excepcionales que concurrían en su caso.

Pero aún hay más: una paradoja muy llamativa. Con sus 58:03, Kwizera ha mejorado el récord europeo vigente, establecido por el sueco Andreas Almgren en 58:06. Sin embargo, su marca no puede reconocerse, al menos todavía, como récord europeo, porque, aunque ya posee la nacionalidad española, la federación internacional de atletismo no ha completado su autorización para el cambio de representación deportiva. No sabemos si se llegará a reconocer con carácter retroactivo, aunque parece poco probable.

El caso de Kwizera nos ilustra lo complejos que pueden ser los requisitos deportivos y administrativos para lograr una nacionalidad. Asumiendo que cualquier nacionalización destinada fundamentalmente a mejorar los resultados deportivos de una federación debe ser rechazada, no se debe impedir, ni tan siquiera obstaculizar, la nacionalización legítima. Y entre ambas nacionalizaciones existe una frontera que debe estar delimitada perfectamente para cada disciplina deportiva por su federación internacional. Lo que, describiendo el caso de Kwizera, hemos calificado como «deportivamente integrado» no puede ser un criterio subjetivo que otorgue la nacionalidad de manera excepcional: debe ser algo reglado, medible y homogéneo en todos los países.

La nacionalización de un deportista tiene que seguir el mismo espíritu de este medio digital: sin rumores, sin humo, con datos. Atletas, federaciones y público en general tienen que saber cómo se puede conseguir la nacionalidad para representar a un país, que sea igual entre todos los países y, por descontado, que cuando se consigue dicha nacionalidad se valide para todas las competiciones y territorios.

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